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El grito del fútbol femenino

18 de diciembre, 2019

Por: Diego Picado Venegas

Lo que ocurrió recientemente en el fútbol femenino no debe pasar desapercibido. No solo por el hecho de que este año se rompió el récord de asistencia cuatro veces, no solo por el hecho de que la final nacional se jugara a estadio completamente lleno, no solo por el hecho de que Alajuelense y Herediano se sumaran a una lucha que viene dando Saprissa desde hace más de siete años por este tema. Lo que pasó recientemente en el fútbol femenino no debe pasar desapercibido por un tema particular y es lo que simboliza dentro de nuestra sociedad.

He sido testigo de los atropellos que sufre la mujer deportista, he sido testigo de los desprecios, los rechazos, la estigmatización a la que han sido expuestas. Y a pesar de eso, he sido testigo del esfuerzo, del trabajo, de la dedicación, del sacrificio. De la lucha, la entrega. Y por supuesto, he sido testigo de la frustración de que nada cambia, de que todo sigue igual. De estadios vacíos en los que había más gente dentro de la cancha que fuera de ella. He sido testigo de cómo son vistas por debajo del hombro y, de que cuando reclaman, las tratan de malagradecidas. He sido testigo de que cuando quieren alzar la voz son ignoradas.

Lo que ocurrió recientemente en el fútbol femenino tiene un simbolismo gigante. Ese estadio lleno en Alajuela, ese estadio que marcó un precedente histórico en Costa Rica, gritó los goles y el título de Alajuelense. Sí. Pero también gritó por visibilidad, gritó por respeto, gritó por igualdad. Y no hablo de la afición local, hablo de todas las personas que estamos luchando por la igualdad de la mujer en el deporte, hablo de todos y todas que estamos luchando por la igualdad de la mujer en la sociedad.

No es posible que el criterio de una mujer pese menos que el de un hombre.

No es posible que una mujer, solo por el hecho de ser mujer, no sea contratada en un trabajo por la posibilidad de quedar embarazada.

Basta ya de la burla al femicidio, basta ya del irrespeto, del acoso, del menosprecio.

El grito que dio el fútbol femenino lo da como deporte abanderado por la lucha de la mujer en Costa Rica. Ese grito llega como reflejo de la lucha contra el patriarcado, de la lucha por la igualdad, de la lucha contra la heteronormatividad. De la lucha por algo básico: por el respeto.

Lo que ocurrió este año en el fútbol femenino no tiene precedentes, pero está cimentado en el trabajo de décadas de personas que siempre han luchado por este deporte. El trabajo de padres y madres de familia que no tuvieron miedo a llevar a sus hijas a jugar futbol, de padres y madres de familia que hacían ventas de comida para poder pagar canchas y árbitros, el trabajo de algunos periodistas que iban a canchas de pueblo a cubrir partidos de femenino a cambio de los likes de las mismas jugadoras, de cuerpos técnicos y jugadoras que lo sacrificaban todo por la satisfacción de dar la lucha. El trabajo de algunos pocos aficionados que iban a ver juegos y terminaron siendo camilleros, juntabolas.

Lo que ocurrió este año en el fútbol femenino no tiene precedentes, pero sí debe marcar un antes y un después en el deporte nacional. Y debe ser el inicio, a través del fútbol, de una lucha por la igualdad de la mujer, de visibilizar el esfuerzo, el trabajo, la dedicación. No solo en el deporte, sino también en la sociedad.

 

 

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