#Saprissa 3-1 Liberia | Campeonato de Invierno 2016, Jornada 22. Domigno 13 de noviembre, 2016. Estadio Ricardo Saprissa. Fotografía: Luis Alvarado | PMEimages.com #QueLindoserMorado

Una celebración de dos

15 de noviembre, 2016

Por Patricio Altamirano, periodista

Las emociones de un futbolista son muy variables; hoy pueden estar en la cima y hoy mismo, pero después del partido, pueden estar en el abismo (y viceversa). Eso lo sabemos todos, pero somos ajenos a esa realidad porque, muchas veces, nuestra vida es un camino constante sin grandes sobresaltos, aunque sí los hay.

¿Qué se sentirá desatar la algarabía de miles de personas con un gol? ¿Qué se sentirá ser amado, tomar una mala decisión y pasar a ser el más odiado? ¿Qué se sentirá cuando una lesión trunca tus intenciones y echa abajo el trabajo de meses?

Podríamos preguntar esto a aquellos quienes acompañan a los futbolistas día a día, sus familiares, sus esposas, sus hijos, sus padres y hermanos; con los que ríen, con los que lloran. Entiendo perfectamente por qué son los dedicados en cada triunfo. Entiendo perfectamente aquella frase (que para algunos es trillada): “Gracias al apoyo de mi familia”.

He sido testigo de la importancia que revierte el soporte familiar en la vida de un futbolista. Cuando anotan y apuntan a la gradería, ¿quién está ahí?

Fabrizio superó una lesión y saltó a la cancha, sus ojos no pueden ocultar esa emoción de tocar un balón nuevamente. Como si hubiese un premio guardado para él, consiguió la anhelada anotación y emprendió una carrera de celebración, pero de pronto se detuvo y corrigió su recorrido. Es que hubo alguien quien lo escuchó llorar y sufrir, que lo sostuvo y lo motivó a seguir adelante. Ronchetti apuntó a la gradería y ahí estaba su acompañante de vida, embarazada del segundo hijo de esta pareja de uruguayos. Ella se pone de pie… no toma en cuenta las líneas amarillas, pero nadie le dice nada, está recibiendo un homenaje, de dos. Ella responde con sus brazos abiertos. Estoy seguro que en su mente retumba una voz que dice: “Te lo dije, sigue adelante, acá estoy contigo”.

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Este domingo, el segundo tiempo contra Liberia era trabado, complicado en la mediacancha, donde Juan Bustos Golobio debía aparecer como variante del complemento. ‘Golo’ trabajó duro y recibió un balón en el área rival, que convirtió en el tercer gol saprissista. ¡Fue un desahogo! Después de meses inestables, aquejado por las lesiones, el volante se hizo presente en el marcador. Sin pensarlo dos veces, apuntó su índice derecho hacia dos personas que merecían todo el reconocimiento, su novia y su hijo. Ella brincaba con el pequeño en sus brazos, también temblaba de la emoción. La conexión es inentendible, está reservada para ellos. Era una celebración aparte.

El fútbol lleva inmersa una serie de códigos emotivos, ya que el camino de quienes lo practican es agitado constantemente por las emociones. Ahí es donde la base espiritual y familiar se alzan como protagonistas, cuando las luces se apagan y el estadio interior queda en silencio, el mismo silencio que se produce en las alegrías.

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